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13 Abr 2026

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‘Travieso’ Arce no descarta incursionar en la política tras acabar la carrera en Derecho
Deportes

‘Travieso’ Arce no descarta incursionar en la política tras acabar la carrera en Derecho 

Jorge Arce regresa al ring con un discurso distinto: reconoce a Julio César Chávez como el más grande, pero también asume su papel fuera del boxeo, enfocado en ser ejemplo para jóvenes

Jorge Travieso Arce no regresa al ring por nostalgia vacía. Hay algo más detrás: una mezcla de respeto, deuda emocional y una necesidad muy clara de seguir siendo ejemplo. A poco mas de su participación en la exhibición en Puebla ante Julio César Chávez, el sinaloense habló sin filtros, con ese tono que nunca supo disimular: frontal, a ratos irreverente, muy consciente de su lugar hoy.

Porque si algo dejó claro, es que para él no hay discusión posible cuando se habla de grandeza en el boxeo mexicano. “Para mí es el mejor mexicano de todos los tiempos, el mejor boxeador mexicano, ídolo mío”.

No es solo admiración. Es casi una reverencia generacional. Arce no se sube al ring a competir con el legado, se sube a convivir con él. Y en ese gesto, hay algo que el boxeo moderno ha ido perdiendo: memoria. Pero su discurso no se queda en el homenaje. Hay una intención más profunda, casi pedagógica: “Sobre todo ayudar a la juventud, servir de motivación, alejarlos de las drogas“.

Ahí está el Arce menos mediático y más incómodo: el que entiende que su historia, con todo y excesos, también puede funcionar como advertencia. No romantiza el camino, lo utiliza. 

Y en medio de ese proceso, aparece una versión que pocos esperaban: el estudiante. Sí, el mismo que construyó su carrera a golpes, hoy se enfrenta a códigos y leyes. “Estoy estudiando licenciatura en Derecho… voy muy bien, llevo puros dieces, me ha costado mucho trabajo, debo reconocerlo”.

La confesión no es menor. Arce admite que le cuesta. Que no es natural. Que leer, concentrarse, sostener disciplina fuera del ring, le exige otro tipo de músculo. Y aun así, insiste: “Quiero un título universitario para mis hijos, para demostrarles que nunca es tarde para prepararte“. No hay discurso más honesto que ese. No habla de prestigio ni de reinvención glamorosa. Habla de ejemplo. De llegar a casa con algo más que cinturones.

Incluso se permite abrir una puerta que, en otro momento, habría sonado impensable: “No descarto (la política), si puedo hacer algo por la gente, con mucho gusto lo voy a hacer“. No lo dice como promesa, lo dice como posibilidad. Y en un país donde muchos prometen sin saber, esa cautela se agradece.

Sobre el ring, tampoco vende humo. La exhibición no es un juego, aunque así se promocione: “Los golpes duelen… el gran campeón pega unos ganchazos… vamos a prepararnos muy bien”. Ahí aparece el boxeador de siempre. El que sabe que, aunque el cartel diga “exhibición”, el cuerpo no distingue etiquetas.

Jorge Travieso Arce está en un punto extraño de su historia: ya no necesita demostrar nada, pero tampoco está dispuesto a desaparecer. Entre el aula, la familia y el ring, se está reconstruyendo con una lógica distinta.

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