Más allá del conflicto en Medio Oriente, ambos países parecen decididos a evitar que la tensión escale hacia una nueva guerra comercial.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene previsto partir este martes hacia Beijing para sostener una reunión con su homólogo chino, Xi Jinping, en plenos desacuerdos sobre el papel de China en la guerra con Irán.
Una cumbre bajo presión… pero con expectativas moderadas
A pesar de las tensiones, la Casa Blanca ha optado por moderar las expectativas.
Funcionarios estadounidenses han dejado claro que el objetivo principal no es forzar un cambio inmediato en la postura china sobre Irán, sino evitar que este tema descarrile la relación bilateral.
“Queremos que esta reunión avance en otros asuntos clave”, señaló el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, al subrayar la importancia de temas como el comercio y la cooperación para frenar el tráfico de precursores de fentanilo.
El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, señaló que todos esperan que esta reunión avance en otros asuntos más importantes, como el comercio y la cooperación para frenar el tráfico de precursores de fentanilo.
Sanciones y mensajes cruzados antes del encuentro
Previo al viaje, Washington elevó la presión al imponer sanciones contra entidades vinculadas a China. El gobierno estadounidense acusó a empresas chinas de proporcionar imágenes satelitales que habrían facilitado ataques iraníes, además de sancionar refinerías y transportistas por la compra de petróleo a Teherán.
Estas medidas fueron rechazadas por Beijing, que las calificó como “presión unilateral ilegal” y activó una ley que prohíbe a sus empresas acatar sanciones extranjeras.
En paralelo, China ha intentado mantener un delicado equilibrio diplomático. Su canciller, Wang Yi, recibió recientemente en Beijing a su homólogo iraní, Abbas Araghchi, defendiendo el derecho de Irán a desarrollar energía nuclear con fines civiles.
Intereses económicos y riesgo de nueva guerra comercial
Más allá del conflicto en Medio Oriente, ambos países parecen decididos a evitar que la tensión escale hacia una nueva guerra comercial. China depende en gran medida del petróleo de la región, mientras que Estados Unidos busca estabilidad económica y previsibilidad en su relación con Beijing.
Analistas coinciden en que tanto Trump como Xi tienen incentivos para mantener la relación bajo control. Una escalada podría reactivar tensiones arancelarias similares a las del año pasado, cuando ambas potencias estuvieron al borde de un enfrentamiento económico mayor.
Con información de AP