¿Qué es el tiempo? Una pregunta simple que no tiene una respuesta fácil. Desde la física más avanzada a la psicología y la filosofía han intentado encontrarla. San Agustín dio con una de las claves.
El tiempo ha sido a lo largo de toda la historia una obsesión recurrente del pensamiento humano. Lo normal es que relacionemos el tiempo con esa fuerza que intentamos frenar inútilmente y que nos lleva hacia el envejecimiento y el final. Pero ese sinónimo de deterioro que tanto nos preocupa no es el único sentido.
“Mi relojero siempre dice que somos servidores del tiempo y de que este es un dios muy cruel, pero ni siquiera sabemos qué es”, reflexionaba el paleontólogo Juan Luis Arsuaga.
¿Existe de verdad el tiempo?

La idea filosófica del tiempo la planearon los griegos. Se suele pensar sobre todo en Heráclito, que dijo que “ninguna persona entra dos veces en el mismo río”.
Pero casi por la misma época Demócrito fue de los primeros que hizo un análisis de la diferente percepción del tiempo. Es decir, fue el primero en plantear que es relativo.
Avanza o enlentece, según lo percibamos. Los griegos lo llamaron kairos. Luego la física de Isaac Newton quiso buscar certezas en un tiempo universal y absoluto, pero llegó Albert Einstein y volvió a trastocarlo todo.
Hoy la física piensa que el tiempo es relativo y que fluye a diferente velocidadsegún el lugar donde te encuentres del espacio. El tiempo depende del movimiento y de la gravedad.
Cuándo empieza el tiempo

Si quieres entender mejor estos conceptos te recomiendo que veas la película Interestelar, de Christopher Nolan. Es ciencia ficción, pero los conceptos de relatividad temporal en los viajes coinciden con lo que hoy sabemos.
No hay una hora universal. Si miramos el cielo, vemos el pasado de miles de años atrás, porque la luz que nos llega ahora es de ese tiempo. Cuanto más lejos miramos, más atrás vamos. ¿Hasta dónde? ¿Se puede ver el origen del universo?
La respuesta es que no. Hoy los físicos creen que el tiempo empezó cuando estalló el big bang y como al principio la materia estaba tan junta, no dejaba escapar la luz, así que no tenemos imagen de ese momento.
¿Y antes del big bang no había universo? Entonces, ¿dónde estaba? Pues ocurre como con el tiempo. Como son conceptos que están integrados en nuestra percepción, es difícil concebir una respuesta. Muchos dicen que esa respuesta es Dios.
El tiempo de San Agustín

Y ya que mencionamos a Dios, “con la iglesia hemos topado, amigo Sancho”, como diría Don Quijote. Vamos a fijarnos en uno de los grandes pensadores de la iglesia de la antigüedad.
Se trata de Agustín de Hipona, luego conocido como San Agustín. También él reflexionó sobre el tiempo. En uno de los capítulos de su obra Las confesiones, analiza el proceso de la creación.
“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”, escribe. Para él también hay un conflicto entre percepción y lógica.
Hablamos del pasado y el futuro como si fueran cosas, pero el pasado ya se fue y no es, y el futuro todavía no es. Entonces, ¿en qué sentido existen?

La relatividad de San Agustín

San Agustín intuye que el tiempo no puede ser una carretera. Lo concibe más como una tensión interior, una especie de estiramiento de la conciencia.
En la tradición agustiniana esto se resume con la idea de la distentio animi (la distensión del alma). La mente se estira hacia lo que recuerda y hacia lo que anticipa.
Es como una melodía. Escuchas una nota, recuerdas la anterior y esperas la siguiente. Así creas la canción. Si no, las notas son sonidos sin sentido. Con el tiempo pasa igual. Lo vivimos porque nuestra mente cose lo que pasó con lo que está por venir.
El tiempo en la filosofía actual

La idea agustiniana sigue vigente. Es más fácil de percibir que de explicar. Y no hay explicación fácil.
Otros autores han podido elucubrar, por supuesto. Por ejemplo, Martin Heidegger, en su obra Ser y tiempo, empuja la idea hacia la existencia. Sostiene que nuestra vida está atravesada por la temporalidad, por proyectos, recuerdos y por el hecho de que somos finitos.
Heidegger y otros muchos han seguido la línea que planteaba Demócrito y se centrado en esta necesidad de sabernos finitos para poder disfrutar y sacar el máximo jugo a la vida.

“El tiempo es un hecho tan básico como el espacio y la materia, pero, a diferencia de estos, posee un carácter intangible y misterioso”, resumía el físico Alberto Casas, autor de La ilusión del tiempo (Penguin).
Tanto este libro como el del también físico Miguel Ángel-Delgado, ¿Qué es el tiempo y cómo se mide? (Catarata Ed., más conceptual e histórico) nos revelan que podríamos llenar páginas y páginas sobre este fascinante enigma y seguiremos sin tener todas las respuestas.