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23 Mar 2026

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Las plantas son verdes, pero no por el motivo que te enseñaron en el colegio
Ciencia

Las plantas son verdes, pero no por el motivo que te enseñaron en el colegio 

Muchos libros de texto enseñaron que el tono verde de las plantas se debía al ‘efecto espejo’ de la clorofila. Sin embargo, nuevos estudios demuestran que no es así

Muchos libros de texto de ciencias naturales enseñaban a los alumnos de colegios e institutos que las plantas eran verdes porque la clorofila actuaba como un espejo que reflejaba la luz verde que no podía utilizar. En concreto, afirmaban que, al igual que un objeto sólido y homogéneo de color, el pigmento rechazaba esa longitud de onda. Sin embargo, un equipo de científicos de la Universidad de Turum tienen algo que objetar al respecto. Y es que, en un estudio publicado en la revista Journal of Biological Education, desmienten esta teoría tan ampliamente extendida.

Según detalla el estudio, que ha sido liderado por el biólogo molecular Olli Virtanen, la clorofila no actúa como un espejo, porque su función es exclusivamente la absorción lumínica. En realidad, las hojas son estructuras complejas y heterogéneas donde la luz interactúa de forma distinta a como lo haría con una pieza de plástico. Los datos revelan que la clorofila captura con fuerza el rojo y el azul, pero permite que el verde se desplace libremente.

“Las hojas de las plantas son verdes porque la luz verde es absorbida con menor eficiencia por las clorofilas a y b que la luz roja o azul, y por lo tanto, la luz verde tiene una mayor probabilidad de reflejarse difusamente en las paredes celulares que las otras dos”, afirmó Olli Virtanen al respecto.

La dispersión de la luz

Los investigadores sostienen de forma tajante que la clorofila no refleja la luz en ningún caso. De hecho, el tono esmeralda que percibimos en la naturaleza es el resultado de la dispersión física de los fotones que el pigmento no logra atrapar. Esta luz sobrante choca con la celulosa de las células y acaba saliendo del tejido vegetal hacia nuestros ojos.

Para demostrar esta hipótesis, el grupo de expertos analizó la reflectancia en diversos tipos de follaje, incluyendo muestras amarillas y blancas. Los resultados fueron claros: las hojas sin clorofila reflejaron más cantidad de color verde que las que sí la tenían. Las hojas verdes apenas devolvieron un 10% de esa longitud de onda, una cifra muy baja para el modelo tradicional.

Si la clorofila fuese la responsable de rebotar el color, las hojas blancas deberían mostrar una ausencia total de verde, pero sucede lo contrario. El experimento confirmó que la luz verde penetra hasta un 30% más en ejemplares sin pigmentación. Esto sugiere que el verde es en realidad un superviviente de la absorción que logra escapar gracias a la arquitectura interna de la propia planta.

Sensibilidad del ojo humano

Resulta fascinante que la percepción de un verde intenso se deba más a nuestra visión que a la cantidad de luz devuelta. El sistema visual del ser humano ha evolucionado para ser extremadamente sensible a estas frecuencias, detectándolas con mayor brillo que otras. Aunque la hoja solo disperse una fracción mínima de fotones, nuestro cerebro los procesa con una intensidad vivida y dominante sobre el resto.

Finalmente, esta ineficiencia en la captura del verde cumple una misión biológica crucial para la supervivencia del reino vegetal. Al no ser absorbida de inmediato en la superficie, esta luz logra alcanzar las capas más profundas de la canopea o el follaje bajo. Gracias a este fenómeno, las hojas situadas en la sombra pueden realizar la fotosíntesis y contribuir al crecimiento global del organismo de forma homogénea y equilibrada.

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