Alta demanda industrial del vital líquido y el aumento poblacional dificultan el panorama
Ciudad de México.- Pese a que México tiene importantes embalses y hasta zonas con recurrentes inundaciones, son frecuentes los suelos agrietados, secos o que son incapaces de retener vegetación.
Bareín, Chipre y Kuwait, son los países con mayor nivel de estrés hídrico o escasez de agua, en donde México ocupa el lugar 26, entre Irak y Marruecos, países reconocidos por sus climas secos .
Nuestro país tiene, incluso, mayor superficie desértica, con entre 50% y 60% del territorio nacional, y se enfrenta a una paradoja hídrica.
El norte y centro del país cuentan con 32% del agua de México para sostener al 77% de la población.
La agricultura es el sector que más consume agua y como la necesidad de alimentos es cada vez mayor según el crecimiento poblacional, también será requerida más agua.
Así, en diversas regiones de México, la disponibilidad de agua enfrenta presiones crecientes derivadas de factores climáticos, demográficos e industriales.
El concepto de estrés hídrico se utiliza para describir una situación en la que la demanda del líquido supera la cantidad disponible o cuando su calidad limita su uso.
De acuerdo con datos proporcionados por la Comisión Nacional del Agua, señalan que aproximadamente el 60% del territorio nacional se encuentra en condiciones de estrés hídrico alto o muy alto, particularmente en regiones del norte y centro del país.
Como respuesta a esta problemática, diversas industrias han desarrollado soluciones tecnológicas orientadas a optimizar el uso del recurso, reducir pérdidas en los procesos productivos y aumentar su reutilización.
Insumo estratégico
En sectores industriales donde el agua forma parte fundamental del proceso productivo, la eficiencia hídrica es un eje central de las estrategias de sostenibilidad.
Tal es el caso de la industria de bebidas. “Somos conscientes de la importancia del agua como recurso indispensable para la vida. Reconocemos nuestra responsabilidad de hacer el uso más eficiente posible de este insumo, que es nuestro principal recurso.
“A lo largo de más de una década, nuestros asociados han desarrollado proyectos para mejorar su aprovechamiento mediante inversiones en tecnología e innovación de procesos, con el objetivo de utilizar cada vez menos agua en las plantas de producción, tratar el agua residual para devolverla a los ecosistemas o darle nuevos usos urbanos e industriales”, señala Vicente Rodríguez, director de comunicación y estrategia de la Asociación Mexicana de Bebidas (MexBeb).
La adopción de nuevas tecnologías ha permitido que se reduzca gradualmente la cantidad de agua utilizada en los procesos productivos.
Esta industria ha realizado inversiones constantes en tecnología e innovación para poder lograr reducciones más significativas: entre 2008 y 2021 el volumen utilizado por cada litro de bebida producida disminuyó 27%, al pasar de 2.12 litros a 1.55 litros.
Reutilización
Una de las estrategias que ha cobrado mayor relevancia en esta industria es larecirculación del recurso hídrico dentro de los procesos productivos. Dicho modelo busca utilizar el recurso varias veces antes de devolverlo al entornoo descargarlo en los sistemas de drenaje.
“Actualmente, dos tercios del volumen de agua se envasa para consumo final, mientras que el tercio restante se reincorpora a los ecosistemas como agua tratada apta para riego y otros usos urbanos o industriales.
Todo ello bajo un estricto cumplimiento de la normatividad establecida por las autoridades ambientales en materia de descargas.
“La circularidad del agua implica mantener su uso eficiente y sostenible en el tiempo, reutilizando y reciclando las aguas de rechazo que surgen del proceso de producción y que, por su calidad, pueden aprovecharse en otros procesos, cadenas de valor e incluso en otras industrias”, explicó Rodríguez Woog. La circularidad del agua permite disminuir la extracción de fuentes naturales y reducir la presión sobre los acuíferos.
Carlos Berzunza, presidente ejecutivo de la Cámara Nacional de la Industria de Productos Cosméticos (Canipec), señala que dicho sector ha avanzado en la integración de los sistemas de tratamiento y la reutilización del agua, así como en la automatización de las líneas de producción para optimizar su uso.
“Las empresas están migrando del modelo tradicional de consumo lineal hacia el concepto de Plantas de Agua Seca (Dry Factories)”, explica. “En este esquema de Plantas de Agua Seca, al que están migrando empresas de la industria del cuidado personal y del hogar, las instalaciones operan de tal forma que el agua utilizada en procesos como enfriamiento o generación de vapor proviene de la reutilización interna.
El suministro de la red pública se reserva para su incorporación en fórmulas y consumo humano del personal”, explica Berzunza y añade que también se han incorporado sensores en sistemas de limpieza automatizados que permiten decidir en tiempo real la recirculación del agua.
Aporte personal
De acuerdo con Ecolab Watermark Study, 93% de los mexicanos está preocupado por el acceso al agua y 81% percibe escasez. Además, casi la mitad considera que los gobiernos y el sector privado ya implementan estrategias de reducción, reutilización y reciclaje.
Aunque el consumo doméstico representa una menor proporción, forma parte del panorama general.
Prácticas como reducir el tiempo en la ducha, reparar fugas o reutilizar agua contribuyen al ahorro, al igual que el consumo informado de productos con menor huella hídrica.
En México, 77% de la población habita en regiones donde se concentra sólo 31% del agua renovable, lo que intensifica la presión sobre el recurso, especialmente en zonas urbanas e industriales.
Monitoreo digital
El monitoreo digital permite analizar el consumo por proceso y mejorar la eficiencia operativa. Al combinar estas tecnologías con el análisis de datos, las empresas obtienen mayor visibilidad del uso del agua en cada línea de producción, lo que permite pasar de estimaciones a una gestión más precisa del recurso.
Además, la eficiencia hídrica genera efectos positivos en otros indicadores ambientales: al reducir el uso de agua, disminuye también la energía necesaria para bombearla, calentarla o tratarla, lo que se traduce en menores emisiones de dióxido de carbono.