El tránsito de vehículos en playas de La Paz se ha convertido en una amenaza creciente para las aves playeras, especialmente durante su temporada de reproducción, cuando dependen de estos espacios para anidar y sobrevivir.
Así lo advierte el investigador Víctor Omar Ayala Pérez, profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, quien señala que esta práctica recreativa puede provocar daños significativos en los ecosistemas costeros, particularmente en la Ensenada de La Paz.
🐦 Un riesgo silencioso en la arena
Durante los meses de abril a julio —e incluso hasta agosto— diversas especies utilizan las playas para reproducirse. Entre ellas destacan el chorlo nevado, el chorlo de Wilson y el chorlo pico grueso, aves que construyen sus nidos directamente sobre la arena.
El problema es que estos nidos son prácticamente invisibles. Su camuflaje natural hace que huevos y polluelos pasen desapercibidos, aumentando el riesgo de ser destruidos por el paso de vehículos.
Además, cuando se sienten en peligro, las crías permanecen inmóviles para evitar ser detectadas, lo que las vuelve aún más vulnerables.
🚗 Impactos más allá del atropellamiento
El especialista advierte que el daño no se limita a la destrucción física de nidos. Incluso la simple presencia de vehículos genera disturbios que afectan el comportamiento de las aves, interrumpiendo actividades esenciales como la alimentación y el descanso.
A esto se suman efectos ambientales como la compactación de la arena y la erosión, que deterioran el hábitat natural.
Casos recientes también han documentado daños a otras especies, como la destrucción de nidos de tortuga en playas como El Saltito, a pesar de la existencia de señalización preventiva.
⚖️ Regular, no prohibir
Ante esta problemática, el investigador subraya que la solución no es restringir completamente el acceso, sino promover un uso responsable de las playas.
Entre las propuestas se encuentra delimitar rutas específicas para vehículos y evitar zonas sensibles para la fauna, especialmente en temporada reproductiva.
“El objetivo es encontrar un equilibrio entre el uso recreativo y la conservación”, advierte.
🌊 Un llamado a la conciencia
Más allá de la regulación, el llamado principal es a la ciudadanía: entender que las playas no solo son espacios de recreación, sino ecosistemas vivos.
La conservación de estas especies —señala el especialista— depende en gran medida de la responsabilidad colectiva y del respeto hacia el entorno natural.
Porque en la arena, muchas veces invisible, también se está gestando vida.