La Agencia Internacional de la Energía reveló que el impacto del actual conflicto ya supera el efecto energético derivado de la guerra entre Rusia y Ucrania.
El director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha advertido que la economía mundial enfrenta una “amenaza enorme, enorme” si la guerra con Irán continúa intensificándose.
Durante una intervención ante el Club Nacional de Prensa en Canberra, Birol fue contundente: “Ningún país será inmune a los efectos de esta crisis”.
El funcionario señaló que el impacto combinado del actual conflicto ya supera el de los shocks petroleros de los años 70 e incluso el efecto energético derivado de la guerra entre Rusia y Ucrania.
TENSIÓN ESCALA UNA VEZ MÁS
Las tensiones se agravaron este lunes luego de que Israel lanzara una nueva oleada de ataques contra Teherán. En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que su país podría “aniquilar” las centrales eléctricas iraníes si no se garantiza la apertura del estratégico estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas. La respuesta de Teherán no se hizo esperar: amenazó con atacar activos energéticos y de infraestructura tanto estadounidenses como israelíes.
El temor central radica en que el conflicto interrumpa de forma prolongada la producción de petróleo y gas en la región, lo que mantendría elevados los precios energéticos y presionaría la inflación a nivel global. Históricamente, los mercados bursátiles —como los de Estados Unidos— han logrado recuperarse de crisis geopolíticas, pero el factor determinante sigue siendo la duración de los altos precios del petróleo.
La gravedad del escenario quedó evidenciada en las cifras expuestas por Birol. Según el titular de la IEA, las crisis petroleras de 1973 y 1979 provocaron pérdidas combinadas de 10 millones de barriles diarios. Sin embargo, el actual conflicto ya ha dejado fuera del mercado cerca de 11 millones de barriles por día, superando aquellos episodios históricos.
A ello se suma el impacto en el gas: tras la invasión rusa a Ucrania, Europa perdió alrededor de 75 mil millones de metros cúbicos. Hoy, la afectación derivada de la crisis en Oriente Medio casi duplica esa cifra. Además, al menos 40 activos energéticos en nueve países han resultado “gravemente dañados”.
Las consecuencias se extienden más allá del petróleo. Sectores clave como la petroquímica, los fertilizantes, el azufre y el helio han visto interrumpido su comercio, lo que podría desencadenar efectos en cadena en distintas industrias y economías.
Ante este panorama, la IEA ha tomado medidas sin precedentes: ya liberó 400 millones de barriles de petróleo para estabilizar los mercados, la mayor intervención de su historia. No obstante, Birol advirtió que la solución más urgente sigue siendo garantizar la apertura del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
El organismo continúa en consultas con gobiernos de Europa, Asia y América del Norte para evaluar nuevas liberaciones de reservas estratégicas.
“Observaremos los mercados y, si es necesario, actuaremos”, aseguró el directivo.
Con información de AP