Un estudio de 2024 afirmó que existían nódulos capaces de descomponer las moléculas de agua mediante electrólisis. Ahora, otra investigación asegura que eso es imposible
En julio de 2024, un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Bristol y publicado en la revista Nature Geoscience reveló el que, a priori, era un fenómeno intrigante: la formación de oxígeno oscuro, un elemento químico quese producía en las profundidades de los océanos. Unos lugares a los que no llega la luz solar y en los que no se produce la fotosíntesis.
Para explicarlo, los investigadores postularon una hipótesis: los nódulos polimetálicos y los sedimentos metalíferos presentes en el fondo del mar permitían el paso de una corriente eléctrica que inducía un proceso de electrólisis, separando el hidrógeno del oxígeno del agua (H₂O). De confirmarse, el impacto sería profundo en muchos sentidos.
Pero ¿por qué exactamente? Pues, fundamentalmente, porque cambiaría la comprensión de los ciclos químicos en el océano profundo y abriría nuevas líneas de investigación sobre el origen de la vida en la Tierra. También tendría implicaciones directas en la evaluación ambiental de la minería submarina.
Un debate que desafía la física
Pues bien, otro estudio publicado en Frontiers afirma que eso es imposible, pues cuestiona directamente las leyes de la termodinámica. De hecho, lo que hacen sus autores es cuestionar la validez del estudio y afirmar con rotundidad que sus conclusiones son incompatibles con la física que nos permite entender el mundo. Especialmente tajante fue el electroquímico Ángel Cuesta Ciscar.
Los críticos sostienen que la electrólisis del agua requiere una fuente energética considerable, algo que no se ha identificado en el entorno estudiado. “Es equivalente a decir que la energía se crea de la nada”, señaló el experto, insistiendo en que el modelo propuesto contradice conocimientos consolidados.
Errores en las mediciones
Otro de los puntos clave del debate se centra en la metodología empleada. Según Anders Tengberg, los dispositivos utilizados no se ventilaron correctamente al descender al fondo marino. Esto podría haber provocado que burbujas de oxígeno atrapadas alteraran las mediciones y generaran resultados engañosos. Además, los análisis posteriores detectaron oxígeno incluso en experimentos sin nódulos, lo que refuerza la hipótesis de un artefacto experimental.
Pese a la presión científica, el equipo original mantiene su postura. Sweetman asegura que existen evidencias adicionales en revisión y prepara una nueva expedición con robots submarinos para verificar el fenómeno. Mientras tanto, la búsqueda del oxígeno oscuro continúa, en medio de una disputa que pone a prueba los fundamentos mismos de la física moderna.