Miles de personas —incluidos niños y adultos mayores— huyeron en la madrugada del domingo, coincidiendo con el Día de las Madres.
La violencia del crimen organizado volvió a golpear con fuerza el centro de México, llevando a cientos de familias, entre 800 y 1.000, a abandonar sus hogares en zonas montañosas de Guerrero tras una serie de ataques perpetrados por el grupo criminal Los Ardillos.
HOSTIGAMIENTO A COMUNIDADES RURALES CON ARMAS DE ALTO PODER
La escalada comenzó el miércoles pasado, pero en cuestión de días se convirtió en una crisis humanitaria. Miles de personas —incluidos niños y adultos mayores— huyeron en la madrugada del domingo, coincidiendo con el Día de las Madres, cargando apenas mochilas y dejando atrás sus pertenencias.
Videos difundidos por organizaciones locales muestran escenas de pánico: familias desplazándose en la oscuridad, ráfagas de disparos y artefactos explosivos improvisados abandonados entre la maleza.
“Han sido días de mucho terror”, relató Marina Velasco, representante del Concejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (CIPOG-EZ). “Han bombardeado con drones a las comunidades, y uno ¿cómo se puede defender contra un dron, cuando explosivos se caen del cielo?”.
FAMILIAS BUSCAN REFUGIO DONDE PUEDEN
El saldo inmediato reporta al menos una persona herida, aunque el temor es que la cifra aumente conforme se conozcan más detalles. Las familias desplazadas se han refugiado en comunidades cercanas, muchas de ellas hacinadas en espacios improvisados como canchas de fútbol, sin condiciones adecuadas.
Organizaciones comunitarias y religiosas denuncian que el trasfondo de la violencia es la disputa territorial. Desde hace años, Los Ardillos busca controlar estas tierras estratégicas, enfrentándose a otras facciones criminales en una lucha que ha dejado decenas de víctimas. Según el CIPOG-EZ, al menos 76 personas han sido asesinadas y 25 permanecen desaparecidas en la región en los últimos años.
NUEVAS HERRAMIENTAS PARA NUEVOS ATAQUES
El uso de drones como armas marca un preocupante nivel de sofisticación en los enfrentamientos, exhibiendo la evolución de los grupos criminales en estados como Guerrero, donde la fragmentación de cárteles ha intensificado la violencia. Ante la ausencia de una respuesta efectiva, algunas comunidades han optado por armarse para defenderse.
Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una creciente presión interna y externa para contener la crisis.
Aunque su administración ha presumido una reducción cercana al 40% en homicidios desde el inicio de su mandato, episodios como este evidencian los desafíos persistentes en regiones donde el control del Estado sigue siendo limitado.
Con información de AP