En el Soldier Field, bajo luces que reclamaban gesta, México y Bélgicaescribieron una crónica de pulso firme, donde el balón fue testigo de una batalla sin tregua. El Tri salió con decisión, pisando alto, y encontró premio pronto: al 19’, tras un tiro de esquina, Jorge Sánchez apareció como un rayo en el área y, con la zurda, empujó el 1-0 que encendió las gradas.
El dominio mexicano se sostuvo con presión, choques y llegadas. Julián Quiñones y Brian Gutiérrez exigieron al fondo belga, mientras Raúl Jiménezbatalló de espaldas, arrastrando marcas. Bélgica, contenida, respondió a ráfagas, con Kevin De Bruyne administrando tempos y avisos aislados antes del descanso.
LA RÉPLICA DEL TALENTO
El golpe europeo llegó al amanecer del complemento. Al 46’, Dodi Lukébakiosoltó un zurdazo descomunal desde fuera del área que se clavó en la escuadra: 1-1 y silencio momentáneo. Fue un gol de museo que reconfiguró el duelo.
Desde ahí, el encuentro se volvió áspero y táctico. Carruseles de cambios, faltas en cada metro y corners que olían a vértigo. Amadou Onana rozó el gol de cabeza; México respondió con coraje defensivo y despliegue, sosteniendo el embate en los últimos minutos, cuando Bélgica apretó hasta el 90’+3.
ORGULLO SIN RENDICIÓN
No hubo vencedor, sí carácter. México mostró orden y valentía; Bélgica, jerarquía y pegada. El silbatazo final selló un empate que supo a prueba superada y promesa en construcción. En Chicago, el futbol habló fuerte y claro: nadie regaló nada.