El miedo a causar baja ha sido citado por especialistas de Sanidad Militar como uno de los factores principales que orilla a la tropa a ocultar la sintomatología, abandonar el tratamiento o a negar el diagnóstico; destacan la necesidad de incorporar programas de estudio específicos de psicología militar a la oferta académica del Ejército y la Marina
En 1996 un grupo de cinco médicos adscritos al Servicio de Psiquiatría del Hospital Central Militar (HCM), con la asistencia de un investigador del Instituto Mexicano de Psiquiatría, condujeron un estudio enfocado en determinar la prevalencia del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) en operadores del Ejército Mexicano. Los especialistas seleccionaron en aquel entonces a un primer grupo experimental de 364 militares que reunían las características citadas como indispensables para este estudio en la bibliografía elegida por los médicos, es decir, haber experimentado eventos traumáticos donde su vida, o la de otros corriese peligro frente a estresores específicos tales como la acción directa en el frente de batalla.
Dicho trabajo echó mano de un grupo de control de 12 soldados más con diagnóstico confirmado de TEPT, realizado en el HCM, lo que aglomeró finalmente a 374 militares en el estudio. Toda la muestra, experimental y de control habría sido sometida a entrevistas psiquiátricas efectuadas de acuerdo con los lineamientos del DMS-III y el DMS-IV, es decir, del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la Asociación Psiquiátrica Americana, en sus ediciones 1994 y 1988, respectivamente, además, les fue aplicada la metodología de “la Escala de Mississipi” elaborada específicamente para establecer diagnósticos de TEPT relacionado con enfrentamientos armados, este examen está basado en 39 pruebas que confirman el trastorno cuando los sujetos exceden un puntaje de 112, al menos así lo estableció la Defensa en aquel entonces. Cuando en el estudio de 1996 el método Missisipi arrojó puntajes entre 60 y 111, los médicos aplicadores consideraron que el soldado tan sólo tuvo “una reacción psicológica al estresor”.
En aquel entonces, hace 30 años, los grupos seleccionados para el estudio habían hecho parte de las dos primeras estrategias militares emprendidas por el Gobierno de México en contra del narcotráfico, el Plan Canador y la Operación Cóndor, cuyas remificaciones les llevaron luego a combatir también a grupos disidentes como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, lo que les mantuvo activos desde los años setenta hasta los noventas del siglo pasado, permitiéndoles acumular un vasto haber de horas de combate. Los resultados aseveraron que de los 364 soldados del grupo experimental 12 obtuvieron puntajes por encima de los 112 en la escala de Mississipi, 236 presentaron la citada “reacción psicológica” (60 a 111 puntos) y 29 no alcanzaron los 60 puntos; los médicos concluyeron que la prevalencia del TEPT, en el grupo de experimental, fue de 3.29% y de 4.3% si se toma en cuenta a los 10 sujetos con diagnóstico confirmado previamente, siendo este último el resultado global del estudio.
GUERRA CONTRA EL NARCO

En la era de la ‘Guerra contra el narco’, iniciada por el expresidente Felipe Calderón en diciembre de 2006, y caracterizada por el despliegue masivo de tropas para contribuir al ejercicio de la seguridad pública, afloró un segundo estudio sobre el TEPT realizado por el Ejército en 2011, pero publicado en 2016 bajo el título Trastorno por estrés postraumático en el Ejército y Fuerza Aérea mexicanos. En este trabajo participaron 41 soldados internados en el HMC entre el 1 de agosto de 2010 y el 1 de febrero de 2011, a quienes les fue aplicada una entrevista clínica psiquiátrica y cuatro instrumentos clinimétricos, a saber, la Escala de Mississipi (como en 1996), el termómetro de distrés, una lista de chequeo de síntomas de 90 preguntas (SCL-90) y la Escala de Síntomas de Trastorno de Estrés Postraumático (ETEPT).
Los resultados de 2011 dejaron ver que, aunque tratándose de una muestra significativamente menor a la 1996, el 12.19% de los pacientes evaluados desarrolló TEPT, el 19.51% presentó trastorno por adaptación con “reacción depresiva prolongada” y el 2.44% ostentaba una “reacción aguda al estrés”. A decir de la Defensa, el móvil de este último estudio fue la construcción de un programa de atención médico-psicológica para militares heridos en operaciones de alto impacto.
ATAJAR LA CUESTIÓN

En ambos estudios, 1996 y 2011, se observan dos constantes: una mayor propensión al desarrollo de TEPT en los grados de tropa y en aquellos militares que conjuraron más eventos de exposición a escenas de alto impacto en una menor cantidad de tiempo, y no solo para el estrés postraumático, también para otras dolencias mentales.
A partir del último estudio, la Defensa desplegó estrategias de contención como la realización de sesiones grupales de “debriefing” durante la hospitalización, es decir, conversaciones reflexivas con el objetivo último de cerrar una brecha entre el entorno actual y un evento traumático; sesiones personales de psicoterapia cognintivo-conductual enfocadas en el manejo de la angustia; psicoeducación y tratamiento psicofarmacológico en función de las necesidades clínicas de cada paciente.
Más allá de esto, lo publicado refiere que tanto Semar como Defensa desarrollaron tratamientos para el personal afectado apoyados en la directiva de Intervención Temprana en Salud Mental de 2015, entre los cuales se destacaron métodos de automonitoreo del personal, seminarios mensuales de prevención y detección temprana de TEPT y conferencias hacia el personal militar donde se resalta la importancia de no obstruir el tratamiento de los elementos con este trastorno con “comentarios desmotivantes”, negación de permisos u otros actos que puedan retrasar el avance de las terapias u ocasionar el abandono del tratamiento. Son estas las estrategias publicadas hasta ahora.
TEMOR POR LA CARRERA
En el artículo 226 de la Ley del Instituto de Seguro Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas titulado Categorías y grados de accidentes o enfermedades que dan origen a retiro por incapacidad se hace alusión, en la fracción 32 de la Segunda Categoría de accidentes o enfermedades, a “trastornos neuróticos, trastornos secundarios, situaciones estresantes y trastornos severos o rebeldes a tratamiento”, normativa que bien podría explicar parte de las discusiones de los especialistas involucrados en los estudios de 2011. En tal apartado se explica que los militares exhiben cierto miedo y desconfianza al responder a entrevistas psicológicas por temor a represalias, críticas o a ver truncada su vida militar en materia de ascensos, lo mismo a ser dados de baja por considerárseles no aptos para servicio militar.
La falta de más estudios públicos sobre el estrés postraumático, la persistencia de una suerte de “códigos de silencio” entre el personal militar, y hasta la inexistencia de una Licenciatura en Psicología Militar dentro del cuerpo académico castrense bien podrían ser factores que atizan el fuego de la salud mental en los soldados mexicanos (Continuará) .