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30 Jul 2026

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Aspirantes a la UNAM: ¿Por qué recurrieron a la trampa en el examen?
La Nación

Aspirantes a la UNAM: ¿Por qué recurrieron a la trampa en el examen? 

El académico del ITESO, Jorge Reyes Linares, advierte que el fraude en el examen de admisión responde a modelos de impunidad, corrupción y falta de ética social.

¿Por qué miles de estudiantes mexicanos decidieron hacer trampa en el examen en línea de la UNAM para ocupar un espacio en una licenciatura? ¿Qué los llevó a responder la evaluación si sabían que el puntaje alcanzado distorsionaría su verdadero nivel académico y sería discordante con el grado de competitividad que poseen?

Ambos planteamientos fueron formulados por Grupo Imagen a expertos como Jorge Reyes Linares, académico e investigador del Departamento de Filosofía y Humanidades del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), quien estimó que detrás del reprobable fraude a la UNAM hay causas de fondo que deben identificarse y tomarse en consideración para entender el comportamiento de los jóvenes en la prueba de admisión universitaria. Señaló que, sin restarles responsabilidad por su conducta, también existen otros factores que fomentaron ese proceder.

Por ejemplo, mencionó los reiterados modelos de corrupción e impunidad en el país, la falta de responsabilidad social de las familias de los estudiantes al no hacer énfasis en el propósito de los apoyos económicos que reciben y la ausencia de un proyecto personal y familiar a futuro que contribuya a una sociedad comprometida con un “horizonte de esperanza”.

“Todos tenemos que aportar. ¿Y a qué me refiero con todos? Por ejemplo, ¿qué tipo de discursos estamos promoviendo a nivel político?, ¿qué tipo de figuras son las que se están presentando como servidores de la nación? Si tu figura es alguien que puede decirte, y cito un discurso que dijo un presidente actual en una plaza pública: ‘Si yo voy y le disparo a una persona, ¿van a seguir votando por mí?’. Cuando tú oyes eso y dices ese es el líder moral, político de una nación, dices tenemos un problema porque se está fomentando de manera equivocada un tipo de liderazgo en los jóvenes que reciben esa información y que va en contra del proyecto social que se persigue”.

El caso de la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, y los restos de 65 mineros atrapados durante 20 años es otro ejemplo de impunidad que alimenta modelos de éxito negativos, abundó el académico.

“Cuando un joven está mirando eso y dice: ‘¿Quiénes son los hombres exitosos en México?’, y ves que el dueño de la empresa que llevaba esa concesión minera está considerado como uno de los hombres más ricos, más poderosos, más influyentes (…) híjole, dices: ‘Oye, pues ¿qué le estás enseñando a este chavo?’. Por supuesto. ¿Qué le estás diciendo como sociedad?”, planteó.

Pese a becas, estudiantes no responden

En el caso de las becas para estudiantes de bachillerato en México, vigentes desde el sexenio pasado, así como el criterio de no reprobar a ningún alumno aunque sus competencias académicas no sean las esperadas, el jesuita consideró que a esos elementos les ha faltado un discurso claro y enfocado, tanto desde las familias como desde las propias instituciones educativas, orientado a potenciar e incentivar proyectos de largo plazo con responsabilidad social.

“Creo que el problema está más bien en que el discurso que acompaña a estos elementos, o la manera como se presentan estos elementos, no ha sido suficientemente claro respecto de lo que implican como responsabilidad social; es decir, yo recibo este apoyo económico, pero eso no significa meramente una especie de dádiva a mi persona, no es decir: ‘Ahí te va este dinero porque es para ti y para que tú no abandones la educación, porque si no nos metemos en un problema de que tenemos un montón de jóvenes que ya no estudiaron porque las posibilidades de su familia no les daban’. Si ese es el discurso que lo acompaña, obviamente hay algo que está faltando”.

—¿Qué le hace falta a ese discurso de las familias y las instituciones de gobierno?

—(Reiterar) que como país nos interesa tener una población joven bien formada, que permita aportar a un proyecto de futuro (…) que hay una sociedad que tiene necesidades y esperanzas y me quiere integrar a ese horizonte; que para eso es que se me propone este estilo de educación, a fin de que yo ponga todas mis cualidades. Si este discurso acompaña al incentivo, a la ayuda económica, y lo apoyan la propia familia y la escuela, entonces la percepción de la ayuda cambia y fomenta la lógica de aportar a la sociedad, evaluó en la entrevista.

Si eso no sucede y solo se busca “subir en la jerarquía social”, obtener un título universitario o lograr un ingreso económico, viendo únicamente el interés individual, “se va minando la posibilidad de que la persona haga un juicio ético de su propia responsabilidad” y, para la sociedad, se traduce en un “empobrecimiento porque no sabe dónde ubicar a las personas a las que está tratando de formar y las ve en términos solo de mercado de trabajo, pero no acompañado de un verdadero proyecto social”.

En el análisis del padre Reyes, esta clase de confusiones o distorsiones hacen “difícil” a los jóvenes ubicar el sentido de su propia formación.

“O sea, porque dices, ¿para qué quieres pasar un examen, si no es para poder, digamos, tener una formación que te integre a este proyecto mayor? Y si fuera para eso, ¿para qué quieres cometer un fraude en un examen, si ese fraude, al fin de cuentas, lo único que va a hacer es generarte una imagen distorsionada de quién eres? Además, te va a instalar en una serie de hábitos y de maneras de sacar las cosas adelante que contradicen el proyecto que quieres en el horizonte grande”, planteó el investigador.

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