Los cinco cambios por partido dejaron de ser una nota al pie del reglamento y hoy pesan como pocas cosas
Saltillo, Coah.- Los cinco cambios por partido dejaron de ser una nota al pie del reglamento y hoy pesan como pocas cosas en el Mundial 2026. Los datos del Grupo de Estudio Técnico de la FIFA lo confirman: en la fase de grupos, 43 de los 215 goles llegaron desde la banca, y varios cuerpos técnicos ya preparan sus partidos pensando tanto en los suplentes como en el once inicial.
El caso más claro es el del alemán Deniz Undav, que sin arrancar como titular acumuló tres goles y dos asistencias en la primera fase y empujó a Alemaniaal liderato de su grupo. Senegal, por su parte, encabeza la lista de selecciones con más goles de suplentes, con cuatro.
¿De dónde viene la regla?
Las cinco sustituciones nacieron como medida de emergencia durante la pandemia, en 2020, para aliviar la carga física de los futbolistas en calendarios comprimidos. La IFAB, el organismo que fija las reglas del juego, la volvió permanente a partir de la temporada 2022-23. Hubo una condición desde el inicio: los cambios no podían convertirse en una herramienta para quemar tiempo.
De ahí el candado que administra cada entrenador: los cinco movimientos solo pueden ejecutarse en un máximo de tres ventanas durante el tiempo reglamentario. Una ventana se abre cuando el árbitro autoriza la sustitución con el juego detenido y se cierra al reanudarse el partido. Si un técnico mete dos o tres jugadores en esa misma pausa, todo cuenta como una sola ventana.
Ese cálculo se repite en cada banca del torneo. Quien quiera agotar los cinco movimientos está obligado a incluir al menos un cambio doble o uno triple. El medio español Relevo publicó un desglose de cómo funcionan las ventanas de cambios, con el detalle de qué movimientos consumen una ventana, cuáles no y qué ocurre si un árbitro autoriza una de más.
¿Por qué el medio tiempo no cuenta?
El reglamento distingue entre pausas naturales y pausas provocadas. Las sustituciones hechas en el medio tiempo no consumen ninguna de las tres ventanas, porque el juego ya está detenido y el cambio no le roba un solo segundo al partido. Lo mismo aplica antes de arrancar los tiempos extra o en el descanso entre ambos.
Por eso el entretiempo se volvió el momento favorito de los técnicos para mover el tablero sin pagar costo alguno. Un ajuste al minuto 46 sale gratis; ese mismo ajuste al 50 ya deja al equipo con solo dos ventanas para los siguientes 40 minutos.
La lógica cambia cuando el balón está rodando. Una lesión, por ejemplo, sí consume una ventana, aunque el técnico no la tuviera contemplada. Un golpe inesperado puede obligar a adelantar movimientos o a juntar dos cambios en la misma pausa para no quedarse sin margen. La excepción son los protocolos por conmoción cerebral, que en este Mundial permiten una sustitución adicional sin descontar cupos.
¿Qué pasa en los tiempos extra?
Con las fases eliminatorias en marcha, entra en juego otra pieza. En los partidos que se alargan más allá de los 90 minutos, cada selección recibe un sextocambio y una cuarta ventana para ejecutarlo. Eso permite reservar piernas frescas para el tramo final o incluso pensar en un especialista para una eventual tanda de penales.
Los suplentes, protagonistas del torneo
Los números de la fase de grupos muestran que la banca ya no es un plan de emergencia. Según el análisis técnico de la FIFA, los goles de los suplentes contribuyeron a elevar el promedio anotador del torneo y el margen de las victorias. La lectura de los analistas apunta a una evolución táctica: los entrenadores usan los cambios menos para aguantar un resultado y más para ir a buscarlo.
Las plantillas amplias de las potencias alimentan esa tendencia. Con listas de hasta 26 convocados, un técnico puede sentar a jugadores de jerarquía y soltarlos al minuto 60 contra defensas desgastadas. El suplente, que durante décadas fue un premio de consolación, hoy entra a la cancha con instrucciones precisas.
En la fase de eliminación directa, donde cada error cuesta el boleto a la siguiente ronda, la pregunta ya no es cuántos cambios hará un entrenador, sino cuándo abrirá cada ventana. Ese reloj, bien administrado, puede valer una final.