El concepto de “inflammaging” evidencia cómo la inflamación crónica de bajo grado acelera el envejecimiento y promueve enfermedades asociadas a la edad. Expertos coinciden en que intervenir sobre la alimentación, el ejercicio y el descanso puede cambiar el rumbo y sumar años de salud activa
Pensemos en ajedrez y en su tablero como si fuera la vida actual. Allí, la biología humana juega con piezas heredadas de tiempos ancestrales, pero enfrenta rivales modernos como el sedentarismo, la mala alimentación y el estrés. Mientras la medicina tradicional responde con movimientos defensivos, atendiendo cada jaque mate del cuerpo, la medicina de estilo de vida invita a cambiar la estrategia: anticipar las jugadas, fortalecer las piezas clave y avanzar con pasos simples pero firmes. Adoptar hábitos saludables, dormir bien, elegir alimentos naturales y cultivar relaciones sólidas —dicen los expertos—, permite transformar la partida, desplazando a las enfermedades crónicas fuera del tablero y abriendo el juego hacia una vida más larga y plena.
Las enfermedades crónicas prevenibles ocupan el centro de la escena sanitaria a nivel mundial, a pesar de los avances tecnológicos y del mayor acceso a la información médica.
Especialistas consultados por Infobae advirtien que el sistema de salud permanece orientado al tratamiento de patologías agudas, mientras que la prevención y el abordaje de las causas de fondo quedan muchas veces relegados. La medicina de estilo de vida se presenta como una alternativa basada en evidencia para revertir esta tendencia, aunque enfrentó múltiples desafíos en su implementación.
La prevalencia de las enfermedades relacionadas con los hábitos cotidianos responde, en gran medida, al desajuste entre la biología humana y el entorno moderno. Si bien el avance de la tecnología médica permite diagnósticos y tratamientos más precisos, el cuerpo humano mantiene los mismos requerimientos que en la época del Homo sapiens cazador-recolector, según el médico Gabriel Lapman, fundador de la Sociedad Argentina de Medicina del Estilo de Vida.
El experto señala que el entorno artificial promovió el sedentarismo, el consumo de ultraprocesados, el estrés crónico y la falta de descanso, lo que derivó en un aumento sostenido de patologías como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y el deterioro metabólico. “Más del 90% del riesgo de infarto de miocardio se explica por factores modificables con el estilo de vida”, advirtie Lapman, quien subraya que el 80% de las consultas médicas se asocian a enfermedades ligadas a los hábitos.
Esteban Chilelli, médico clínico, Sanatorio Modelo de Caseros, remarca que la persistencia de las enfermedades crónicas no transmisibles, responsables de más del 70% de las muertes globales según la Organización Mundial de la Salud, no refleja un fallo del conocimiento médico sino del sistema y del entorno. Segun el experto, el genoma humano fue seleccionado para un entorno de escasez calórica y alta demanda física, mientras que la vida actual —hiperindustrializada, sedentaria y con predominio de ultraprocesados— actuó en sentido opuesto. Chilelli añade que el sistema de salud tradicional prioriza la atención de patologías agudas y que los incentivos económicos globales favorecieron el tratamiento sintomático y la cronicidad farmacológica antes que la prevención. Y subraya el rol de la industria alimentaria y del diseño urbano, que promueven entornos obesogénicos y dificultan el cambio de conducta individual.
Fundamentos y desafíos de la medicina de estilo de vida
La medicina de estilo de vida interviene en las causas profundas de las enfermedades crónicas y actúa sobre mecanismos centrales como la inflamación crónica de bajo grado, la insulinoresistencia y el estrés oxidativo. Esta disciplina parte de la idea de que los hábitos cotidianos pueden modular la expresión genética y revertir procesos irreversibles. “La epigenética es cómo los genes reaccionan al estilo de vida, activando o desactivando genes”,explica Lapman, quien remarca la importancia de intervenciones intensivas basadas en evidencia, que incluyen alimentación saludable, ejercicio físico, reducción del estrés, descanso reparador, eliminación de hábitos tóxicos, conectividad social y sentido de vida. “Con intervenciones intensivas se puede revertir las placas ateroscleróticas”, señala.
La evidencia muestra que patologías como la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular responden favorablemente a cambios sostenidos en la alimentación y la actividad física. “Las intervenciones en el estilo de vida pueden revertir o reducir también la progresión de la diabetes tipo 2”, puntualiza Lapman. Los especialistas advierten que el principal desafío está en la formación de los profesionales y en la adherencia del paciente. “Cambiar la conducta humana requiere herramientas de psicología del comportamiento, un área donde el médico clínico tradicional suele carecer de entrenamiento específico”, subraya Chilelli, quien también destaca la necesidad de ampliar la formación universitaria en nutrición y ejercicio. Según Chilelli, la capacidad de motivar y acompañar al paciente es clave para consolidar hábitos duraderos y efectivos.
Integración en la práctica clínica
En la consulta diaria, la integración de los pilares de la medicina de estilo de vida requiere un enfoque sistémico y personalizado. El abordaje va más allá de la mera revisión de signos vitales: implica conversar con el paciente, identificar hábitos y diseñar intervenciones ajustadas a cada caso. Lapman destaca la importancia de trabajar en equipo con nutricionistas y otros profesionales, así como el uso de herramientas como la terapia cognitivo-conductual y la suplementación basada en parámetros bioquímicos. “Cambios en el estilo de vida, suplementación de calidad, mejora progresiva de la alimentación y cambios rotundos en la presión arterial, el colesterol y la diabetes generan un impacto muy fuerte”, resume Lapman, quien sostiene que la clave está en el acompañamiento sostenido y la educación del paciente.
Por su parte, Chilelli plantea que la viabilidad de la medicina de estilo de vidaen la práctica clínica depende de estructurar un marco claro y operativo. En alimentación, propone prescribir comida real basada en plantas y modelos como el mediterráneo o DASH, enfocándose en sumar fibra y calidad nutricional en vez de prohibir alimentos. El ejercicio físico se prescribe en formato “dosis y frecuencia”, con un mínimo de 150 minutos semanales de actividad aeróbica y al menos dos sesiones de fuerza, y el cumplimiento se monitorea con tecnología. La evaluación sistemática de la higiene del sueño, el fomento de técnicas de manejo del estrés como el mindfulness y las intervenciones breves para reducir sustancias tóxicas completan el enfoque. “Para que la medicina de estilo de vida sea viable, debe estructurarse mediante un enfoque sistémico y generar un marco”, subraya Chilelli.
Avances sobre longevidad y prevención
La investigación en longevidad transformó el enfoque tradicional de la medicina preventiva. Los nuevos hallazgos revelan que el estilo de vida no solo influye en la esperanza de vida, sino también en la calidad de los años vividos. Lapman subraya que intervenciones dirigidas a reducir la inflamación crónica, proteger la salud mitocondrial y modular la microbiota permiten retrasar o incluso revertir procesos asociados al envejecimiento. “La principal intervención es la prevención, empezar antes de que sucedan los problemas, décadas antes”, sostiene, y enfatiza la importancia del entrenamiento de fuerza, la suplementación con creatina y omega 3, y la atención a la epigenética como factores.
Chilelli señala que la ciencia de la longevidad desplazó el foco hacia la esperanza de vida con salud, identificando marcadores biológicos que pueden ser modificados. Destaca que “las intervenciones en el estilo de vida, como el sueño adecuado, la dieta saludable y el ejercicio, pueden ralentizar e incluso revertir la edad biológica medida por la metilación del ADN”. La evidencia respalda que las conductas diarias, desde la alimentación hasta la calidad del descanso, tienen un impacto directo sobre el envejecimiento celular y la prevención de enfermedades crónicas.
Inflammaging en el envejecimiento
La inflamación crónica de bajo grado, conocida como inflammaging, es considerado hoy como uno de los principales motores del envejecimiento prematuro y el desarrollo de enfermedades asociadas a la edad. Pocas expresiones logran condensar el espíritu y las ideas de una época como aquellas que se asocian a la salud. El término “inflammaging”, formado por las palabras inglesas “inflammation” y “aging”, describe la inflamación crónica y natural del organismo como un indicador del envejecimiento, con capacidad de favorecer el desarrollo de enfermedades vinculadas a la edad.
Lapman advierte que el consumo excesivo de ultraprocesados, el sedentarismo y el mal descanso generan una inflamación silenciosa que acelera la aparición de diabetes, deterioro cognitivo, enfermedad cardiovascular y cáncer. “El cuerpo envejece como una ciudad expuesta a constante chispas inflamatorias”,resume, y sostiene que la medicina de estilo de vida puede interrumpir este círculo vicioso mejorando los factores de riesgo y alentando hábitos protectores. Destaca el valor de patrones alimentarios como el mediterráneo, ricos en fibra, aceite de oliva y omega 3, para reducir la inflamación persistente.
Esteban Chilelli coincide en que el inflammaging representa una inflamación sistémica que acompaña el proceso fisiológico del envejecimiento.
Cita el aporte del Dr. Claudio Franceschi, quien definió el término a comienzos de siglo, y explica que el músculo esquelético, a través del ejercicio, libera miocinas que inducen respuestas antiinflamatorias. “El músculo actúa como un amortiguador sistémico del inflammaging”, sostiene, y agrega que una nutrición rica en polifenoles, ácidos grasos omega 3 y fibra, junto con una microbiota saludable, contribuyen a amortiguar ese proceso inflamatorio.
Recomendaciones prácticas para modificar el estilo de vida
La transformación de los hábitos requiere un enfoque progresivo, basado en objetivos concretos y sostenibles.
Gabriel Lapman enfatiza que “nada cambia en cinco minutos”, y que la clave está en la repetición de pequeñas conductas saludables a lo largo del tiempo.
Por eso recomienda caminar a diario, entrenar fuerza dos o tres veces por semana, priorizar alimentos reales y reducir los ultraprocesados, dormir entre siete y ocho horas y exponerse a la luz natural. Subraya el valor de la conectividad social auténtica y el desarrollo de un sentido vital, y aconseja evitar la obsesión por la perfección: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno y lo bueno es suficiente”. Para Lapman, la salud se construye como una cuenta bancaria, con depósitos diarios de sueño reparador, buena alimentación y manejo del estrés.
Esteban Chilelli propone traducir la ciencia en indicaciones directas y accionables, priorizando la progresión paso a paso. Plantea eliminar aceites vegetales refinados, azúcares libres y harinas procesadas, y aumentar el consumo de fibra vegetal, frutas y verduras. Considera, en la misma línea que su colega, imprescindible prescribir entrenamiento de fuerza dos o tres veces por semana, junto con el ejercicio aeróbico, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Sugiere aprovechar la luz solar en las primeras horas del día y señala que el éxito a largo plazo depende de establecer microhábitos y metas progresivas, en lugar de intentar cambios radicales de un día para otro.
