En los años 70, diversos observatorios espaciales comenzaron a detectar la señal. Desde ese momento, se plantearon diversas hipótesis, pero esta parece ser la correcta
Gamma Cassiopeiae, uno de los astros más observados de la constelación de Casiopea, llevaba cerca de 50 años lanzando una señal de rayos X desconcertante hacia la Tierra. Ahora, un estudio publicado en Astronomy & Astrophysics muestra por fin el origen de esa anomalía cósmica que había dividido a la astronomía durante décadas.
Visible a simple vista y situada a unos 550 años luz, γ Cas no parecía una estrella cualquiera. Desde los años 70, los observatorios espaciales detectaron una emisión de rayos X muy superior a la esperada para una estrella masiva de su tipo, con un plasma calentado a más de 100 millones de grados y una variabilidad demasiado rápida para encajar en los modelos convencionales.
Durante años, los investigadores manejaron varias hipótesis. Una de ellas apuntaba a reconexiones magnéticas entre la superficie de la estrella y el disco de materia que la rodea. Otras situaban el foco en una compañera estelar oculta. “Muchos escenarios fueron propuestos para explicar esta emisión”, explicó Yaël Nazé, astrónoma de la Universidad de Lieja, al resumir un debate científico que llevaba medio siglo abierto.
La pista decisiva del telescopio xrism
La clave llegó con XRISM, la misión japonesa de rayos X desarrollada con participación internacional. El equipo realizó tres observaciones, en diciembre de 2024 y en febrero y junio de 2025, cubriendo así el ciclo orbital completo del sistema, de 203 días. Esa secuencia permitió seguir con precisión cómo cambiaba la señal energética emitida por el entorno de γ Cas.
Los espectros mostraron que el plasma ultracaliente no seguía el movimiento de la gran estrella Be, sino el de un objeto compacto que gira a su alrededor. “Los espectros revelaron que las señales del plasma de alta temperatura cambiaban de velocidad entre las tres observaciones, siguiendo el movimiento orbital de la enana blanca en lugar del de la estrella Be”, señaló Nazé en una nota de prensa.
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Esa compañera invisible, además, no sería una enana blanca cualquiera. Los datos apuntan a que posee campo magnético. La materia expulsada por la estrella masiva sería capturada por ese objeto denso, canalizada por sus líneas magnéticas hacia los polos y calentada de forma extrema al precipitarse sobre su superficie. Ahí estaría el mecanismo que explica por qué la Tierra ha recibido durante décadas una señal tan intensa y errática.
Un hallazgo que cambia la lectura de estas estrellas
El resultado no solo resuelve el caso de gamma Cas. También confirma la existencia de una familia de sistemas binarios largamente predicha, pero nunca identificada con claridad: los formados por una estrella Be y una enana blanca. Hasta ahora había indicios, pero faltaba una prueba observacional directa capaz de zanjar el debate con suficiente solidez estadística.
El equipo de la Universidad de Lieja sostiene que este descubrimiento abre una vía nueva para revisar la evolución de los sistemas binarios masivos. “Pensamos que es clave para comprender cómo se producen las interacciones entre las dos estrellas”, afirmó Nazé. Y es que saber qué ocurre en γ Cas permite reinterpretar objetos similares y afinar modelos esenciales para comprender cómo evolucionan las estrellas que, al final de sus vidas, también ayudan a explicar fenómenos como las ondas gravitacionales.
