Un estudio multicéntrico concluye que ni el ejercicio regular ni los tratamientos farmacológicos evitan el deterioro cognitivo en adultos propensos a la enfermedad neurodegenerativa. Los detalles del trabajo publicado en JAMA Neurology
El vínculo entre la salud cardiovascular y el deterioro cognitivo ha sido motivo de debate en la medicina preventiva. ¿Es suficiente controlar la presión arterialo el colesterol para proteger el cerebro en la vejez?
Un estudio reciente coordinado por el Pennington Biomedical Research Center pone en duda esta idea. En adultos mayores con alto riesgo de Alzheimer, el ejercicio sistemático y los tratamientos farmacológicos no lograron evitar el empeoramiento de la función cerebral.
El ensayo clínico, publicado en la revista JAMA Neurology, se centró en personas con antecedentes familiares de demencia o con percepción subjetiva de pérdida de memoria, es decir, individuos especialmente vulnerables al deterioro cognitivo. Durante 24 meses se analizaron distintas estrategias orientadas a mejorar la salud cardiovascular.
La investigación, realizada junto a ocho instituciones académicas y hospitalarias, evaluó si intervenciones intensivas —como la actividad física supervisada y el control farmacológico de la presión arterial y el colesterol LDL— podían traducirse en beneficios cognitivos medibles.
Resultados y hallazgos principales
Durante el seguimiento, los investigadores observaron mejoras claras en la salud cardiovascular. Quienes recibieron medicamentos antihipertensivos redujeron en promedio 13 puntos su presión arterial, mientras que los tratados con estatinas de alta intensidad disminuyeron su colesterol LDL en 24 puntos.
Sin embargo, estas mejoras no se reflejaron en la función cognitiva. Al evaluar la memoria y las funciones ejecutivas mediante la escala PACC (una prueba que combina distintos indicadores cognitivos tempranos), no se detectaron diferencias relevantes entre los grupos.
Quienes realizaron ejercicio registraron una variación mínima —de apenas 0,1 desviaciones estándar— respecto de quienes no entrenaron, un cambio considerado clínicamente irrelevante. Tampoco se observaron beneficios en quienes recibieron tratamiento farmacológico.
El equipo investigador subrayó que, si bien el control cardiovascular es positivo para la salud general, no se evidenciaron mejoras cognitivas en personas con alto riesgo de demencia durante el periodo analizado.
Participantes y diseño del estudio
La investigación fue aleatoria y multicéntrica, e incluyó a cerca de 500 personas de entre 60 y 85 años con hipertensión y factores de riesgo de deterioro cognitivo. Participaron instituciones como Texas Health Presbyterian Hospital, la Universidad de Kansas, el Albert Einstein College of Medicine y la Washington University in St. Louis.
Los participantes se dividieron en cuatro grupos: uno realizó 160 minutos semanales de ejercicio aeróbico de intensidad moderada a alta; otro recibió tratamiento farmacológico; un tercero combinó ambas estrategias; y un cuarto mantuvo la atención médica habitual como grupo control.
Para el tratamiento se utilizaron fármacos habituales como losartán y amlodipino para la presión arterial, junto con estatinas de alta potencia para reducir el colesterol LDL, ajustados según las recomendaciones clínicas.
Implicaciones para la prevención del Alzheimer
Los resultados plantean un desafío para las estrategias tradicionales de prevención. Según el Dr. Jeffrey Keller, director del centro, abordar de manera aislada factores como la presión arterial o el colesterol podría no ser suficiente para proteger la función cerebral.
En este sentido, los hallazgos sugieren que las políticas de salud pública deberían ir más allá del enfoque centrado exclusivamente en el sistema cardiovascular y considerar intervenciones que integren múltiples dimensiones del riesgo.
El estudio reabre así el debate sobre cómo prevenir el deterioro cognitivo y refuerza la necesidad de desarrollar estrategias más amplias y sostenidas en poblaciones vulnerables.
Limitaciones y perspectivas futuras
Entre las principales limitaciones se destaca la duración del seguimiento, de 24 meses, que podría no ser suficiente para observar cambios a largo plazo en el cerebro. Además, el estudio se centró en personas con alto riesgo, por lo que los resultados no necesariamente se aplican a toda la población mayor.
Los investigadores subrayan la necesidad de desarrollar estudios más prolongados y con intervenciones combinadas que permitan comprender mejor cómo prevenir o retrasar el deterioro cognitivo.
El Pennington Biomedical Research Center señala que mejorar la salud cardiovascular —aunque esencial para el bienestar general— no garantiza por sí solo una protección frente al deterioro cognitivo en adultos con mayor vulnerabilidad, lo que refuerza la necesidad de estrategias preventivas más amplias y sostenidas.
